Ying o yang, la batalla de la dualidad interna, La gran batalla... Tu decides.
Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto una batalla que ocurre en el interior de las personas.
El anciano dijo:
“Hijo mío,
la batalla se da entre dos lobos que están dentro de todos nosotros”. Uno es
malvado. Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia,
autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso
orgullo, superioridad y ego.
El otro en cambio es
bueno. Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad,
benevolencia, amistad, empatía, generosidad,
verdad, compasión y fe. La misma batalla ocurre dentro de ti, y dentro de cada
persona también”.
El nieto lo meditó por un minuto y luego
preguntó a su abuelo: “¿Qué lobo gana?”
A lo que su abuelo respondió: “Aquel al que tú alimentes.”
Esta historia no
es más que una reflexión del diario vivir en que nos encontramos todos. Es
una decisión permanente, entre el bien y el mal o la dualidad que
reside dentro de nosotros.
Cada día al
despertar inicia un proceso de reconocimiento de como deseamos vivir, si
escogemos vivir en la sombra, en la ira, en el enojo, en estado de guerra
permanente, no podemos esperar que el universo nos de otra cosa más que lo
anhelado por nuestro ego interno.
Por el contrario, al
escoger vivir en amor, escogemos vivir bien, escogemos todas las buenas emociones
y sentimientos que conllevan vivir en amor y por amor. El universo, Dios,
el padre, el creador, el vórtice, la energía, como deseemos llamarle,
se complace tanto de esta forma de vivir que nos dará eso y
más.
Muchas personas hemos
escuchados que expresan ideas tan erróneas como " yo no
vivo así porque otros pueden abusar de mi" o "si me
comporto así me tomaran de tonto"; planteamientos así de
errados son tan usuales en esta sociedad, donde todos sienten que no son menos
que nadie, que viven en un estado de competencia permanente, un estado de separación que
no es más que una demostración de nuestros egos.
Los egos del hombre están
en guerra permanente siempre sintiéndose unos superiores a otros, siempre
considerando que debemos defendernos de los demás antes que nos ataquen,
teniendo como idea principal que somos seres tan especiales que nadie es mejor
que nosotros. El estado natural del ego es de separación, separación de todos,
aunque el ego este rodeado llegara el momento en que se sentirá superior y
buscara un punto de soledad un punto de especialidad para luego hacernos sentir
que nos dejaron solos.
El ego es el creador y
seguidor de todos esos espectros que representan al lobo malvado, todos los
sentimientos negativos que por lo general regulan nuestras vidas, eso es el
ego. Se disfraza de aliado del ser, de discípulo del ser, para luego
ser el Judas Iscariote que llevamos dentro, traicionar a nuestro ser y gobernando
entonces sobre nuestra vida, ese ego, ese lobo malvado que nos impide tener
plenitud en esta vida, pasa a ser quien en verdad es la voz que escuchamos en
nuestro interior.
Por el contrario esta
el lobo bueno, el ser, la gota, el toque, la parte de divinidad que todos
llevamos dentro pero que hemos ignorado por muchos años, esa parte de nosotros
que siempre busca la unión, esa parte de nosotros que busca obrar en
bienestar no solo individual sino también de los demás, esa parte de nosotros
que está en contacto con la fuerza superior, esa parte de nosotros que nos dice
que sigamos las huellas del amor en nuestra vida y edificaremos una mejor obra.
Una batalla permanente
y constante; que solo así podemos llegar a disfrutar de la plenitud en la vida
por medio de la elección de cada uno de nosotros, todo comienza a cambiar
cuando lo decidimos y por quien decidamos.
No podemos esperar
vivir en paz si decidimos por el lobo malvado, por el ego. Solo encontraremos
la paz al decidir vivir por el lobo blanco, el ser.
Impresionantemente
algunos aseguran vivir en amor y buscar armonía, sin embargo, sus decisiones se
basaron en construir sus felicidades en las lágrimas ajenas. No podrá existir
felicidad genuina y realmente duradera si está fundamentada en las lágrimas de
otros.
Esta es una concepción personal, puesto que todos somos
uno, no somos ni estamos separados. El lobo malvado o el ego nos han
llevado a percibirnos de esa manera, siempre buscado la individualidad por
encima de la unidad.
Cuando pensamos desde el amor y nos sabemos todos uno,
nunca buscamos fuera de nosotros culpables de nuestras vidas, nos convertimos
en agentes responsables de cada evento que se da en ella.
No somos las circunstancias de nuestras vidas, pero si
somos los arquitectos de ella, cuando diseñemos, pensemos, sintamos y elijamos
vivir alimentando diariamente el lobo blanco de nuestra vida, nuestro ser, la felicidad,
la paz, la esperanza y el amor se presentarán de forma inmediata y permanente.
Vivamos alimentando al lobo blanco todos los días,
vivamos regalando sonrisas, vivamos agradeciendo, seamos responsables de todas
nuestras acciones, vivamos sin ser victimas de las emociones, si alguien no te
devuelve la sonrisa el primer día, vuelve a sonreírle en segundo día, y veras
que al tercero te la devolverá, sino lo logras tu fuiste feliz, fuiste agente
de cambio positivo; te invito a intentarlo y veras resultados sorprendentes.

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