El poder del perdón. Te perdono, no merezco vivir así.
Con cuanta frecuencia no escuchamos a las personas que están atoradas en situaciones del pasado solo por no saber manejar las emociones fútiles que se engendran al no saber perdonar.
Cuantos problemas nos ahorraríamos si tan solo pudiésemos manejar esas
cinco letras que unidas son una palabra que puede abrir las puertas de una
existencia mucho más placentera.
En una ocasión una amiga, que también es coach, en nuestras tertulias
prolongadas de profundización en la esencia de la vida, me contaba que en sus
sesiones había conocido de una pareja, con muchos años de casados de repente veían
como su matrimonio se desmoronaba por completo, como lo que antes era fuerte,
una brisa de verano removía hasta los cimientos.
Mientras desarrollaba sus sesiones ella conversaba con la esposa que le
contaba que él era un buen hombre sin embargo que ya no le hacía feliz, que
muchas de las cosas que afectaban su relación eran cosas que el había cometido
en el pasado. En el desarrollo de la sesión preguntaba si el esposo seguía
cometiendo las mismas conductas del pasado... su respuesta fue un rotundo NO,
el cambio por completo, pero el daño ya estaba hecho, una frase muy difícil de
comprende para una mente consciente.
Si, el daño estaba hecho, el daño estaba hecho en su mente que revivía día
a día, mes tras mes, año tras año, todas las conductas que su esposo, ahora un
buen esposo, había cometido.
Continuando con la sesión de indagación le pregunto que si esas
conductas habían sido hace pocos años, puesto que sabía que la relación de
matrimonio tenía ya varios años. Su respuesta fue mucho más sorprendente. Las
cosas que aun mantenía a la esposa en un estado permanente de defensiva habían
ocurrido antes de casarse, cuando aún eran novios.
La sorpresa fue tal que me cuenta estuvo obligada a detener la sesión,
puesto que habla de más de 12 años, interrumpí su locución, para esbozar un pensamiento
propio y le pregunté ¿cómo puede haber vivido tantos años con eso dentro?
Ah
eso voy, me respondió…
Al retomar la sesión y seguir indagando, la esposa no podía apreciar las
cosas que su marido hacia ahora, y todo era minimizado por las faltas cometidas
antes del matrimonio; si él era un hombre fiel y devoto, ella solo podía decir,
ahora porque antes no lo era... Era tanto el resentimiento que albergaba en su corazón
que lo acusaba a él de su infelicidad por completo, de todo lo malo que sentía,
de todas las cosas que no salían de acuerdo a como ella lo tenía
planificado.
Era una situación además de difícil complicada, cuando las personas
responsabilizan a otros de cómo lograr su felicidad y de no poder alcanzarla
solo para justificar con anteriores resentimientos que en nada aportaron o
ayudaron a florecer una relación que tal vez y solo tal vez pudo tener otro
desenlace.
Al final de las sesiones, era una mujer en un estado de negación total y
esa negatividad desbordaba en hostilidad contra quien ella aun culpaba de todo,
él, que sin mayores éxitos había también hecho un gran esfuerzo por lograr un cambio
en su perspectiva, ella solo, prefería responsabilizar a otros por las cosas
que solo ella no podía lograr en sí misma.
Solo
después de esta interesante anécdota pudimos reflexionar acerca del profundo significado
del perdón.
El perdón es esa acción por la cual nos liberamos de cargas, y al
liberarnos de esas cargas abrimos espacio para poder percibir cosas nuevas en
nuestras vidas, en muchas ocasiones no necesitamos experimentar personas nuevas,
solo cambiar el enfoque en las personas que están ya en nuestras vidas.
Nos resultó evidente entender que el perdón no se lo damos a otros, sino
a nosotros mismos. No te perdono por ti o porque merezcas mi perdón, te perdono
por mi... Porque yo merezco vivir bien, merezco vivir sin resentimientos ni
rencores que envenenen mi ser.
El perdón es un acto de amor: el perdón es un acto de amor propio, justo
por lo señalado arriba, yo me amo tanto a mí mismo que sé que manteniendo
resentimientos me hago daño; por ende es un acto de amor propio.
Para perdonar no debo decírtelo en persona, esta es una confusión muy usual, si te perdono es que debo ir donde este quien me ofendió y decirte "sabes, te perdono por todo lo que me ofendiste". Pues una respuesta definitivamente NO, tan solo con que en mi corazón, en mi mente y en mi ser haya tomado la determinación de perdonar a esa persona, de liberarme de sentimientos negativos, es todo lo que necesito, de esta forma libero a mi ser de cargas negativas. No necesito decírselo en persona, probablemente esa persona ya olvido como nos hizo sentir, necesito solo no sentir esa emoción que le apresa.
Las personas mantienen resentimientos o falta de perdón por cosas que
nos han hecho en el pasado, no puede haber resentimientos por hechos futuros,
puesto que es una ficción no vivida, el futuro aun no llega; por ende, la falta
de perdón no sería menos que traer un pasado doloroso a un presente que podría
ser glorioso. Si decidimos liberarnos de ese pasado por medio de la indulgencia,
entonces así estaríamos en la condición optima de aceptar el presente y todas
las cosas buenas que trae consigo. El momento presente solo puede ser
disfrutado cuando no aceptamos vivir con resentimientos pasados.
En mis muchas meditaciones antes de poder plasmar este escrito, también
pude sentir que el perdón es interpretado como la obligación a volver a estar
con la o las personas que nos han lastimado, esa es otra respuesta negativa, no
estas obligado a estar con nadie que te haya hecho daño. Solo estas obligado a
darles el perdón que a su vez te lo estás dando a ti mismo. Estar con esa o
esas personas es un asunto más bien de confianza y la confianza se construye,
te perdone por amor a mí, pero estar contigo cerca depende que tu logres
reconstruir la confianza que deposite en ti.
El perdón y sus connotaciones no son de fácil entendimiento
cuando los niveles de conciencia no han alcanzado un punto mayor en la vida.
Todos percibimos las situaciones de la vida desde el nivel de conciencia que manejemos
en un determinado momento.
Desde una ofensa de un amigo, las palabras groseras de un padre, los
golpes de un hermano en una discusión fraterna de niños, como los engaños de
las parejas, todo, todo debería ser sometido a la óptica del perdón, El perdón
es una puerta abierta a dejar de cargar con el pasado, haciendo un espacio
interno en nuestro ser para recibir las bendiciones producto del amor.
El perdón verdadero y real solo es producto del amor, del amor que proviene de lo más íntimo del ser, solo quienes saben perdonar de verdad entienden la complejidad del amor que tienen dentro de sí mismo, entregan la abundancia de su ser a otros.
Perdona, perdona setenta veces siete de ser necesario, perdona todas las
veces que debas perdonar, tu vida será ligera, no tendrás cargas que hagan duro
tu transitar por los caminos hasta la eternidad, tendrás mucho espacio para
amar, hay una regla invariable, entre más amor menos rencor, entre menos rencor
más espacio para el amor.
Mateo 18, 21-22: “Entonces se le acercó
Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra
mí? ¿Hasta siete?
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”
Abre tu corazón, abre tu alma, abre tu ser al amor y encontraras tantas herramientas
para una mejor vida, una vida sin resentimientos, una vida llena de gratitud,
una vida de verdad llena de amor.


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